¿Determinados, condicionados, o libres?

Es una cuestión que me planteé hace ya unos años. Lo que voy a hacer es explicar en qué consiste o qué entiendo yo por cada uno de estos conceptos, para pasar después a dar mi opinión sobre en cuál de las tres situaciones nos encontramos los seres humanos.

Para mí, determinados equivale a “destinados”. Se puede entender de dos maneras: como predestinados (desde que nacemos), o como destinados por nuestras acciones.

_Estar predestinados implicaría que, hagamos lo que hagamos en esta vida, lo que nos ocurriese en ella sería ajeno a nuestra voluntad. Esto no haría otra cosa que apoyar la idea de una vida totalmente injusta, en la que, por mucho que nos esforcemos en ser mejores, nunca lo conseguiremos.

_Estar destinados por nuestras acciones, por el contrario, nos da mayor libertad para decidir nuestro futuro. ¿Hasta qué punto? Dicho ámbito de libertad es más limitado de lo que podría parecer, ya que tenemos que tomar muchas decisiones en etapas de nuestra vida en las que aún no estamos preparados para calcular cuáles serán las consecuencias o para afrontar los resultados de nuestras acciones (ej: decidir qué estudiar a los 16 años, cuando aún no podemos prever qué pasará si estudiamos y nos dedicamos a una materia que no nos gusta). También puede suceder que, en ocasiones, infravaloremos el peso de algunas decisiones o que debamos tomarlas en momentos en que estamos preocupados por otros temas. En resumen, este tipo de determinación se basa en el lema: “decides tú, te equivocas tú y nadie más”.

Estar condicionados significa estar rodeados de límites creados por las circunstancias y el entorno en el que nos ha tocado vivir. No es lo mismo vivir en un país bajo el régimen de una dictadura que en uno democrático, y tampoco es lo mismo vivir en una familia acomodada que en una pobre o al borde de la quiebra. Nuestro poder de actuación y de decisión se mueve entre esas barreras. Una persona pobre no puede viajar de la misma forma que lo hace un rico, ni tampoco puede permitirse el lujo de esperar que otros le mantengan. Una persona que vive bajo un régimen totalitario apenas puede manifestar su opinión públicamente, mientras que en un país democrático, sí (aunque algunos se empeñen en conseguir impedirlo). Este condicionamiento fue magistralmente expresado por Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”.

¿Qué es ser libre entonces? ¿Existe la libertad plena? No. Nuestra libertad, y con esto ya enlazo con mi opinión, tiene un espacio muy demarcado. En primer lugar, las consecuencias de nuestros propios actos nos señalan que, muchas veces, deberemos decidir en base a lo que sea menos perjudicial para nosotros, y no lo que más queramos. En segundo lugar, las circunstancias y el entorno que nos rodea marcan la senda en la que podemos caminar con nuestras decisiones. Y por último, aunque sea un tópico, nuestra libertad termina donde empieza la libertad del otro.

Por tanto, considero que estamos determinados por nuestras propias acciones y sus consecuencias, y condicionados por el lugar y el momento en que nacemos.

A continuación os dejo una canción de un grupo que algunos amaréis y otros odiaréis, pero que es en cualquier una obra cuya letra encaja bastante bien con el tema que acabo de tratar (aunque creo que ellos se refieren más bien a una predestinación):

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