¿Es el pueblo capaz de tomar ciertas decisiones que afectan a todo el país?

Con el referéndum que se lleva a cabo hoy en Grecia, ha surgido, al menos en mi cabeza, la clásica pregunta sobre qué democracia es la mejor: la indirecta o la directa.

Para los que no estén muy al loro, la democracia indirecta es aquella que tienen la mayoría de los países desarrollados: los ciudadanos eligen a sus representantes y son éstos los que toman las decisiones por ellos; en la democracia directa, en cambio, son los propios ciudadanos los que deciden mediante asambleas (lo que teóricamente haría Podemos si llega a gobernar).

¿Los problemas de cada una de ellas? Los de la democracia indirecta ya los conocemos: pueden no cumplir lo que nos prometen, no podemos elegir a los integrantes del gobierno (Presidente y Ministros), sino que sólo elegimos al partido que va a gobernar… La democracia directa es más auténtica, sin duda, pero plantea el dilema de si somos los propios ciudadanos capaces de tomar decisiones con repercusiones para todos. En algunos casos, sí lo somos, pero en otros, no queda tan claro.

¿Qué relación tiene esto con el referéndum griego? Bien, empecemos por el principio. Cuando Syriza ganó las elecciones, lo que pretendían sus votantes era que negociasen con la Troika para poder devolver la deuda con más tiempo, o de otra forma. Dichas reuniones entre Syriza y la Troika no salieron muy bien: no sólo no se cumplió el objetivo de la negociación, sino que además, supuso dejar al gobierno griego como un partido que no cumplía su programa electoral. Aquí en España ya sabemos algo de eso. Así pues, Tsipras se vio “obligado” a llevar a cabo una consulta popular, sobre si deben seguir las directrices de los socios europeos o no; lo que me lleva a la pregunta: ¿está preparado el pueblo griego o cualquiera para decidir sobre estos temas?

Ha de recordarse que los referéndums suelen realizarse sobre decisiones políticas o constitucionales, sobre temas de los que todo el mundo con dos dedos de frente puede forjar una opinión válida. Sin embargo, en este caso, nos encontramos ante una situación en que la decisión es económica o, en todo caso, jurídica: el pago o no de la deuda a los acreedores en las condiciones demandadas. No creo, sinceramente, que la opinión de todas las personas valga igual en esta coyuntura, no me lo parecería tampoco si la cuestión a tratar fuese técnica de cualquier otra materia. Por poner un ejemplo, no consideraría oportuno que la opinión de cualquier persona pudiese ser tenida como relevante cuando la pregunta a responder fuese ‘¿Destinamos esta cantidad de dinero a investigación o no?’. Pienso que es algo que debe elegir gente con cierto criterio y conocedores de la materia. Por tanto, a mi entender, deben ser especialistas economistas o con buen conocimiento de la economía quienes deberían elegir.

Esta idea nos devolvería a la democracia indirecta. ¿Es el mejor sistema? No, ya he expuesto sus inconvenientes más arriba, lo cual no quita que sea posiblemente el mejor modelo existente. Espero que a alguien se le ocurra el modelo definitivo.

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