En memoria de Luis

Esta noche la oscuridad es mayor de la habitual. Las sombras nocturnas bailan al son de la muerte. Y es que hoy se ha llevado, en forma de accidente agrícola, a alguien especial para mí. Al que fue mi amigo, al que fue mi enemigo.

Compartí con él gran parte de mi infancia: desde infantil, con tan sólo 3 años, hasta los 13, en 2007, año en que tuve que dejar Soria para ir a vivir Ávila. Con él mantuve una de las mayores relaciones de amor-odio que he llegado a experimentar a lo largo de mi vida. La razón de esto era la diferencia entre su personalidad y la mía.

Él tenía dos cualidades principales, que en realidad eran armas de doble filo: podían ser entendidas como defectos en algunos momentos. La primera cualidad era su voluntad y capacidad de liderazgo. Era un líder convencional, autoritario. Le auguraba un futuro prometedor como dirigente, ya fuese político o en una empresa. Su segunda gran virtud/defecto era la sinceridad. Dudo que alguna vez encuentre a alguien tan sincero como él, si tenía un problema contigo no tardaba nada en decírtelo. Lo malo era que a veces esa sinceridad era demasiado brusca.

Yo, al contrario, era (y sigo siendo, aunque en menor medida) una persona insegura. Por eso, cada vez que me soltaba alguna de esas verdades como puños, me dolía en lo más profundo del alma. Por poner un ejemplo, recuerdo que un día, volviendo a casa después de clase, me dijo a la cara, y sin venir demasiado a cuento: “tú para los deportes no vales”. Lloré de rabia, porque en aquel entonces era verdad, yo era nulo en cualquier deporte que practicaba, cosa que por suerte cambió un poco posteriormente. Los malos recuerdos que guardo de él son todos de ese estilo, pero hace tiempo que en mi cabeza le perdoné por ello. Simplemente él no era capaz de aguantar sin decir algo que pensaba de los otros,  y yo no tenía la fuerza interior suficiente para afrontar las críticas, menos aún si eran a la cara y si sabía que eran ciertas.

Sin embargo, también guardo buenos recuerdos de él. Tardes jugando a fútbol, a otros deportes… tengo un grato recuerdo de un día jugando a baloncesto en una canasta de juguete: tirándonos alley-oops y creyéndonos LeBron James.

También se me vienen a la mente momentos más graciosos, debidos, cómo no, a su sinceridad. Como aquel día en que fuimos a ver, junto con otros amigos, la que hasta hace poco ha sido la última  peli de Star Wars (3ª en la historia lineal), ‘La venganza de los Sith’. Yendo él y yo de camino al cine, me dijo, con cierto tono de poco entusiasmo: “a mí no te creas que va mucho lo de las espaditas de colores y estas mierdas”. Nadie podría haber hecho una crítica tan simple y concisa de la saga, salvo él.

En ocasiones, no tenía reparo en decir lo que se le pasaba por la cabeza sin importarle el momento y el lugar, creando una situación un tanto surrealista. Un domingo, en misa, con 9 años o 10, estábamos los niños que habíamos hecho la comunión en esa iglesia (la del cole) sentados, como de costumbre, en unas sillas detrás del altar. Por aquel entonces, yo era un ferviente católico (ahora soy creyente, pero no católico), así que la misa era, para mí, una ceremonia bastante solemne. No lo parecía para Luis, que sentado a mi lado, me dijo en voz baja, mientras dibujaba en el aire un par de circunferencias de gran tamaño: ‘Poche (un profesor de Ed. Física e Inglés al que, con cierto fundamento, considerábamos un pajillero) debe tener los huevos así de grandes”.

En fin, ponerme a pensar en estas cosas me hace sentir menos triste. Amigo Luis, podrías haber sido muchas cosas en la vida, y probablemente habrías sido un buen líder en cualquiera de ellas. Es una lástima, pero me consuela pensar que viviste un montón de experiencias. Esa fue tu tercera gran cualidad, la que, ahora sin duda alguna, fue una gran virtud: viviste más rápido que los demás, siempre ibas un paso por delante de nosotros, los chicos de tu edad: fuiste de los primeros en salir de fiesta, empezaste a trabajar con tu padre antes que cualquier persona de tu edad…

Podría estar horas escribiendo sobre tí, pero mañana viajo, a Soria precisamente, así que es posible que te vaya a despedir en tu entierro.

Gracias por esos buenos momentos y disfruta de la vida en el más allá.

D.E.P. Luis Jiménez Cabero

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