¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Versión occidental

¿Os acordáis de aquellos días en que la violencia se utilizaba como último recurso, haciendo todo lo posible por no llegar a ese punto? ¿Y de aquellos en que la paz tenía un verdadero significado?

Las batallas de la II Guerra Mundial estaban contadas. Los Aliados habían tomado Alemania, con la enorme ayuda del ejército ruso, que, con una táctica de desgaste por el frío y falta de suministros, habían hecho recular a los germanos hasta su país. Hitler había desaparecido, siendo la teoría más extendida la de que se suicidó con veneno, ordenando la posterior ocultación de su cadáver. Nunca quedó demostrado lo contrario, pese a la hipótesis de que no murió y en realidad huyó a Sudamérica. En cualquier caso, aunque eso fuera cierto, no hubo mayor rastro de su maldad, por lo que lo único a lamentar habría sido la impunidad de sus delitos.

Aun con todo lo dicho, la 2ª Gran Guerra no había terminado del todo, al menos para Japón. Los japoneses, por muy mermadas que estuviesen sus tropas, se negaban a rendirse en su conflicto contra EEUU. Sus suicidas aéreos, conocidos por los estadounidenses como ‘Kamikazes’, intentaban revertir la tendencia de la contienda en el Pacífico, lanzándose contra naves aliadas, mucho mayores en número y potencia. Esto sirvió de justificación para que aviones norteamericanos sobrevolasen las ciudades de Hiroshima y Nagasaki y lanzasen las bombas más destructivas utilizadas contra personas de la historia, y que supusieron la rendición definitiva de Japón. Era, obviamente, un plan que llevaba tiempo fraguándose, pero el presidente de EEUU en ese momento, Truman, salió con el ya clásico: ‘No sabía nada’.

hiroshima y nagasaki

A raíz de la Guerra Mundial, se crearon numerosos organismos para garantizar la paz. Dos de los más importantes fueron la ONU a nivel internacional y, unos años más tarde, la CECA (Comunidad Europea del Carbón y el Acero), en el ámbito del continente europeo.

La ONU, por un lado, intentaría proteger los derechos más fundamentales y básicos de todo ser humano. Ésta, junto a otros organismos similares, procuraba la unión de las naciones, no sólo en temas políticos y diplomáticos, sino también sociales. Gracias a ella, la inmigración empezó a ser vista de otro modo, teniendo que ser mucho más cautelosos los países acogedores a la hora de manifestar sentimientos racistas. El racismo proviene, mucho más de lo que creemos, del odio. Rara vez se odia a un extranjero por el simple hecho de serlo. Lo más común es que el racismo venga provocado por choques interculturales o acompañado de motivos económicos (‘nos quitan el trabajo’). Recuerdo que, no hace mucho, en un programa de televisión, salía el chino dueño de una de las cadenas más importantes de comida china de España, y, al ser preguntado sobre si había sentido alguna vez rechazo por cuestiones de raza, él respondía: ‘El racismo sólo lo tienen con los pobres, a los chinos, árabes…ricos nos hacen la pelota’. Y quizá ese sea el problema. En muchos países del primer mundo se ha acogido sin problema a los inmigrantes ricos, pero, ¿y a los pobres? Tengo la impresión de que éstos últimos han sido apartados en cierto modo de la sociedad, de modo que no se sienten integrados en ese país ni en el suyo de origen. Así pues, cuando alguien señala que esa desintegración es la razón por la que algunos árabes franceses, belgas…cometen los atentados terroristas últimamente, he de darle en parte la razón. Lo cual no significa que esto les pueda servir de justificación. Gran parte de la responsabilidad debería recaer sobre la misma persona, cuyo odio le ciega, y, principalmente, sobre las organizaciones que les utilizan para llevar a cabo sus actos.

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Por otro lado, la CECA, posteriormente conocida como la CEE y, finalmente, como la UE, tenía la intención de mantener la paz entre los distintos países que componían Europa y unificarlos en una única potencia económica que pudiese hacer frente a EEUU y otros conglomerados que dominaban el mundo. Todo pintaba muy bien salvo por el pequeño detalle de que los países europeos nunca habían estado unidos (ni siquiera durante los imperios romano ni español) y siempre habían estado, en cambio, en constante guerra los unos contra los otros. Para muchos, el proyecto estaba condenado a fracasar por eso mismo. ¿Cuál es el resultado de todo aquello hoy en día? Alemania maneja las riendas de una Europa inmersa en una guerra económica más que bélica como tal. Gran Bretaña, a su aire, como de costumbre, y ahora puede que a todos los efectos, tras el Brexit. Se intenta avanzar hacia una unión política aún más compleja, pero los países aún no comparten los principios básicos que los países fundadores querían implantar.

En fin, esta es, de forma resumida, la historia de cómo hemos llegado a este climax de guerra camuflada, muertes y terrorismo actual. ¿Han fracasado la ONU y la UE en la consecución de sus propósitos? ¿Debería occidente contraatacar ante los ataques yihadistas con más violencia? Si vamos al ‘él ha empezado’ como excusa para responder con otros ataques por nuestra parte, quizá deberíamos retrotraernos a los días 6 y 9 de agosto de 1945, para recordar grandes atentados a los que, misteriosamente, no se califica de terroristas, sin responder. Precisamente porque la respuesta fue la paz, aunque apenas fuese duradera.

 

 

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